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Antojos y ataques de hambre en el embarazo: Cómo controlarlos

¿Son los ataques de hambre de las embarazadas un simple mito? Por raro que parezca, estas infinitas ganas de comer desde por la mañana hasta la noche son reales. Aún así, las futuras mamás deben evitar el picoteo para limitar el aumento de peso.

Antojos y ataques de hambre
© Thinkstock

¿Estás embarazada y tienes hambre a todas horas, después de las comidas, por la noche, por el día...? Eres víctima de lo que se llama comúnmente el hambre canina del embarazo. Evidentemente, no te entran únicamente ganas de un buen plato de judías verdes, sino de todo lo que tienes a mano. Por esta razón, es esencial que las futuras mamás reduzcan en la medida de lo posible ese picoteo compulsivo para limitar así el aumento de peso y sus consecuencias para su salud y la del bebé.

¿Qué son los ataques de hambre?

A pesar de que el imaginario colectivo ha exagerado un poco las peculiaridades de este apetito irreprimible asociándolo a antojos descabellados (las famosas fresas), esas ganas de comer a todas horas propias del embarazo son totalmente verídicas (aunque diferentes según las mujeres). El hambre canina se traduce por una necesidad y unas ganas físicamente perceptibles de comer. Un apetito en una palabra, incontrolable, que te lleva a una necesidad imperiosa de llenar ese agujero que sientes en el estómago.

Esta sensación de hambre exagerada aparece normalmente a partir del segundo o tercer trimestre del embarazo. Sin embargo, según el Dr. Christian Jamin, ginecólogo y endocrino en París, estas ganas de comer pueden darse en periodos muy diferentes. Algunas mujeres se enfrentan a ellas incluso desde el primer trimestre.

¿A qué se debe entonces esta hambre canina? Según nuestro ginecólogo, «hay que diferenciar las ideas preconcebidas de la realidad científica para comprender bien este fenómeno cuanto menos curioso».

Ideas preconcebidas vs realidad científica

¿Qué embarazada no ha sentido alguna vez la mirada condescendiente de su familia sorprendida al verla darse el atracón del año? Según el Dr. Jamin, «las mujeres embarazadas se sienten influenciadas por la creencia absurda de que deben comer por dos». Entre náuseas y gases, se ven a menudo obligadas a someterse a las eternas recomendaciones y órdenes «alimentarias» de su familia y amigos. Argumentos que resultan muy persuasivos. A la angustia engendrada por este estado «excepcional» del embarazo, se le añade entonces el miedo de «que le falte algo al niño», es decir, el de no aportar al bebé todos los nutrientes necesarios para su buen desarrollo. Un miedo que explicaría en parte esas ganas compulsivas de comer.

Sin embargo, el fenómeno no encierra únicamente un componente psicológico. Las hormonas, especialmente los estrógenos, desempeñan un papel determinante en la aparición de ataques de hambre en la embarazada. Segregados por la placenta durante el embarazo, «los estrógenos elevan el estado de ansiedad y nerviosismo de la futura madre, lo que favorece a su vez la aparición de accesos compulsivos». La embarazada, guiada por pulsiones hasta aquí latentes, se precipita generalmente sobre alimentos que ella misma se prohibe. Este fenómeno, que se conoce también con el nombre de «libertad de privaciones», puede tener consecuencias tanto para la futura mamá como para el niño.

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Publicado el 03/07/2011Comentar



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