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Los adultos en la vida del niño

Solos o en grupo, los niños están siempre contentos de jugar con un adulto a partir de un cuento o una canción, tanto en casa como en el jardín de infancia. Pero conviene recordar que, antes de los 3 años, se pierde su atención con mucha rapidez. Las actividades dirigidas por un adulto deben, pues, combinarse con los momentos de libertad, durante los que los niños pueden establecer relaciones de forma totalmente espontánea.

Los adultos en la vida del niño
© Thinkstock

Si los padres se inmiscuyen con demasiada frecuencia en los juegos de los niños, rompen esta espontaneidad, ya que tienen tendencia a reaccionar en función de sus propias reglas sociales; intervienen con demasiada frecuencia al menor problema, de modo que dramatizan una actuación originariamente sin importancia. Al interponerse inmediatamente entre dos niños que se pelean, atribuyen un significado negativo a gestos que quizás sólo eran una forma un poco primaria de expresarse y de desahogarse. Imaginan sentimientos de hostilidad o de agresividad que los niños no necesariamente cobijan.
Algunas veces, se equivocan y crean un problema que no existía: al verse empujados a seguir lo que interpretan los adultos, los niños se vuelven realmente agresivos, mientras que al principio sólo jugaban.
Para evitar estos malentendidos, los adultos deben dejar que los niños se desenvuelvan solos todo lo posible y darles tiempo para solucionar ellos solos los conflictos que surjan. De este modo, los niños aprenden a convivir entre sí. Además, saben mostrar lo que están dispuestos a tolerar a sus compañeros y también son capaces de hacer ciertas concesiones para que la vida de grupo sea divertida. Comprenden entonces que no son todopoderosos. Lejos de la mirada de sus padres, gozarán también de la oportunidad de expresarse de modo distinto. Así pues, cuando el niño cumple el año de edad, es muy importante favorecer los encuentros regulares con otros niños.

El ingreso precoz en la escuela

Hoy, muchos padres desean que sus hijos entren en la escuela a partir de los 2 años o los 2 años y medio. Este ingreso precoz en el sistema escolar podría ser beneficioso para aquellos niños que hasta ese momento no han tenido ocasión de estar fuera de casa.
En la escuela encuentran un entorno distinto, lo que les permite desarrollar la imaginación y la creatividad. Conocen nuevos adultos, con los que establecen relaciones más neutras que con sus padres y, claro está, se codean con otros niños, con los que aprenden a vivir en sociedad. Pero hay que vigilar que la escuela esté en condiciones de responder a las necesidades de un niño de menos de 3 años que, por ejemplo, todavía debe dormir muy a menudo dos veces durante el día. ¿Dispone de salas donde el niño pueda descansar?
¿Acoge ya la escuela a muchos niños de menos de 3 años? ¿Están habituadas las personas encargadas a cuidar niños de esa edad? Es preciso responder a todas estas preguntas antes de enviar el niño a la escuela. También es aconsejable asegurarse de que no le resultará demasiado cansado.
Lo mejor es que, al principio por lo menos, sólo vaya parte del día:
por la mañana o por la tarde. Por último, los padres deben establecer una relación de confianza con la persona o las personas que van a cuidar de su hijo, estar al corriente de las actividades propuestas y, dado el caso, participar en ellas. De este modo, se mantienen próximos al niño, que acepta mucho mejor la transición entre la vida familiar y la vida colectiva.

Publicado el 09/09/2010Comentar


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