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Alimentación del bebé de 6 meses a 1 año
 
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La evolución de las comidas del bebé

En casa, en el jardín de infancia o con la canguro, el bebé ha ido teniendo, a su ritmo, algunas experiencias alimentarias. Quizá ya manifieste sus preferencias... junto con las consistencias y los sabores nuevos, ha descubierto también la cuchara.

Evolución de las comidas del bebé
© Thinkstock

Ahora, el niño ya toma cuatro comidas, como los adultos. Entre los 6 meses y el año, va a ganar unos 2 kg de peso y le saldrán los primeros dientes... Es el momento de ofrecerle nuevos productos lácteos, pan, ensaladas de frutas y de verduras... Hacia los 11 meses ya mastica y se le pueden dar alimentos chafados con el tenedor en vez de sólo triturados. A partir de esta edad, si se aguanta sentado, puede utilizar una trona.
Empieza a usar la cuchara y a beber del vaso. Déjelo que se manche: forma parte del aprendizaje.

La evolución de las comidas

En el menú del niño aparecerán alimentos nuevos, pero el biberón es aún indispensable, puesto que la leche de continuación sigue siendo el alimento más importante entre los 6 meses y el año de edad. Además, el bebé empezará a probar los productos derivados de la leche de vaca: requesón, queso fresco (tipo petit-suisse), yogures o queso, y una gran variedad de frutas y verduras, de carne y de pescado, sin olvidar el pan y las galletas.

Los productos lácteos y el queso

El yogur natural o de leche entera, comercializado o casero, no aromatizado ni endulzado (o muy poco dulce), el requesón con un 20% a un 30% de contenido graso, el queso fresco sin aromatizar; el abanico de posibilidades es amplio. No debe acostumbrarse al niño a los sabores demasiado dulces. Si quiere endulzar los productos lácteos, se les puede añadir una cucharadita de jalea, de almíbar, de mermelada de fruta (sin piel ni pepitas) o de miel. A medida que el niño acepta los trocitos, se le pueden ofrecer lonchas de queso blando con un poco de pan. Déjese guiar por sus gustos. Si le gusta el queso con sabor fuerte, es probable que a su hijo también le guste. Hay incluso quien pone queso rallado en las comidas a base de verdura. Si sólo pone una pizca, el niño gozará del placer de descubrir otro sabor en su puré de verduras. Ahora bien, si come mucho queso, ese día convendría suprimir o reducir la carne, el pescado o los huevos ya que, en caso contrario, la alimentación contendría demasiadas proteínas.

El pan, la sémola, la pasta, el arroz y las galletas

Cuando el niño acepta bien los grumos, pueden introducirse este tipo de alimentos. La sémola y la pasta se cuecen normalmente; el arroz debe cocerse mucho. Hay que salar ligeramente el agua de la cocción. También pueden hervirse con la leche de continuación. No debe acostumbrar al niño a tomar galletas: su sabor dulce puede comportar un consumo excesivo; es mejor darle una corteza de pan.

La fruta y la verdura

La verdura fresca o congelada debe cocerse el tiempo necesario en la olla de presión o, mejor aún, al vapor; posteriormente, se triturará para obtener un puré muy fino. El niño puede comer casi todas las verduras y frutas (véase p. 184). Acostúmbrelo a tomar ensaladas de frutas y de verduras. Ofrecerle, al principio de la comida, pepino, zanahoria, tomate (sin piel ni pepitas) o aguacate triturados lo familiarizará con una nueva alimentación. Las pocas cucharaditas (dos o tres) que aceptará por el momento carecen, evidentemente, de interés nutritivo. Pero sirven para preparar el futuro, ya que puede convertirse en un niño al que le gusten los entrantes a base de verdura si se le educa desde el principio. Más adelante, cuando acepte comer trozos, podrá darle, mientras espera la comida, un cuarto de tomate (pelado y sin pepitas) o un bastoncillo de pepino. Puede prepararse cualquier tipo de fruta, madura y pelada, cruda y triturada, o bien en mermelada, para que la tome como postre al final de la comida.

La carne, el pescado y los huevos

Mientras que la alimentación no se diversifica, la leche constituye la única fuente de proteínas animales con un elevado valor biológico. En el momento en que se introducen las verduras y las frutas, el aporte de proteínas animales se reduce como consecuencia de la disminución de la ingestión de leche. Esta reducción debe compensarse con la introducción de huevos, carne o pescado, cuya composición en aminoácidos es muy parecida a la de la leche. Huelga decir que el jugo de carne, que todavía suele recetarse, carece de interés nutritivo (como mucho, puede considerarse como una iniciación al sabor de la carne). Anteriormente, se aconsejaba «rascar» la carne con un cuchillo. Hoy en día, se venden productos para bebé con carne homogeneizada. El niño puede comer todo tipo de carnes. No es preciso que el hígado sea de ternera; puede utilizarse también hígado de cordero, de volatería o de cerdo.
Asimismo, puede tomar todo tipo de pescados. Algunos tienen un gusto muy fuerte y se tarda más en digerirlos: caballa, atún, arenque, sardina. Es preferible no ofrecérselos al niño cuando es muy pequeño, aunque a algunos les gustan. Los huevos son una fuente rica en proteínas. Como la clara del huevo cruda puede provocar alergias, se recomienda preparar los huevos duros. Los sesos son interesantes por la untuosidad que confieren a los preparados, pero su interés nutritivo real no está a la altura de su fama. No es preciso comprar alimentos especiales para el niño. Para preparar su comida puede utilizar parte de lo que se cocine para todos, a condición de que la cocción se haya efectuado con muy pocas materias grasas. El niño empezará así a compartir los hábitos alimenticios de la familia. Los alimentos homogeneizados ofrecen mezclas de verduras con carne y pescado perfectamente adaptados a las necesidades del niño. La proporción de carne o de pescado, así como su aporte de proteínas, varía bastante de un producto a otro, por lo que hay que fijarse bien en las etiquetas.

Las grasas

Mientras el niño ingiera más de medio litro de leche de continuación, no es necesario añadir materias grasas a la verdura. Si consume menos de medio litro de este tipo de leche, debería añadirse al puré de verduras uno o dos pellizcos de mantequilla, de margarina o de nata, o una cucharadita de aceite de oliva, de girasol o de soja.

Los potitos y los congelados

Los potitos para niños, preparados a partir de productos de buena calidad y sometidos a un riguroso control sanitario, disponen de la ventaja de estar listos, y de ser variados y prácticos. Son fáciles de digerir y, por regla general, bien tolerados, de modo que pueden utilizarse para preparar las comidas. Una vez abiertos, se conservan cuarenta y
ocho horas en la nevera. Para preparar las comidas del niño, también pueden utilizarse alimentos congelados de muy diverso tipo que, naturalmente, deben cocerse bien, como en el caso de los productos frescos. Los productos congelados mantienen todo el poder nutritivo del alimento hasta la hora de la cocción. Es posible mezclar productos frescos y congelados, como por ejemplo, un filete de pescadilla fresca y un puré de zanahoria congelado. Si prepara una sopa o un puré con verduras frescas, se puede congelar lo que sobre, siempre que respete escrupulosamente las normas de congelación. No debe volver a congelar un plato que haya preparado a partir de productos congelados. La cocción en horno microondas, muy rápida, puede servir para reducir el tiempo. El horno microondas es muy útil también a la hora de calentar los biberones y los platos, pero a veces se obtiene una temperatura muy alta, por lo que siempre debe comprobarse.

No acostumbre al niño al azúcar

Se tiene que dar de comer y de beber al niño sin añadir azúcar a los alimentos ni a las bebidas. El azúcar, ya sea blanco o moreno, refinado o no, en forma de miel, dulces, confitería, bombones, bebidas, sodas o jarabes, gusta a todo el mundo. Pero se debe limitar su consumo, ya que podría provocar ciertos desequilibrios graves (como la obesidad). Cuidado con los productos alimenticios comercializados, siempre demasiado ricos en azúcar. Evidentemente, no se trata de eliminarlo totalmente, pero tampoco debe convertirse, ni ahora ni más adelante, en una recompensa o un consuelo («si no lloras» o «como te has portado bien, toma un caramelo o un dulce»).

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12/02/2010

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